Al calor pegajoso típico de Río había que sumarle la enorme cantidad de gente que se acercó hasta la playa más renombrada de la cidade maravilhosa para disfrutar de un show gratuito —financiado, en parte, por la Alcaldía local—. La multitud que pululaba era en sí misma una celebración de la diferencia: estaban los muchachos brasileños con sus músculos obsesivamente trabajados, las garotas de bronceados imposibles, los pálidos extranjeros, niños, jóvenes y viejos, rockeros empedernidos y curiosos ocasionales —muchos— mezclados con vendedores y policías en cantidades nunca vistas.
Claro, el público llegaba sin prisa pero sin pausa al que se esperaba fuera el show de rock más masivo en la historia de la banda: los organizadores esperaban reunir dos millones de personas y los medios brasileños calcularon finalmente entre un millón y un millón y medio. Lo cierto era que en Río no quedaba ni una habitación de hotel libre.
Suspendieron una visita al sambódromo para ser homenajeados por la escola de samba Emperatriz Leopoldinense porque se negaron a movilizarse por las calles. Y, según los rumores, Mick Jagger y Ron Wood pasaron la noche como verdaderas estrellas, recibieron amigos brasileños para cenar y a chicas brasileñas en las fiestas privadas que hubo en sus suites.Mientras todos esperaban que se hiciera la hora del concierto gratuito que superó el interés que el mundo tiene por el máximo atractivo carioca, el carnaval, había que matar el tiempo con algo. Se nadaba en el mar, se jugaba al futebol, se comía algo (el choclo con manteca y las brochetitas de langostinos son un boom) y, sobre todo, se bebía en cantidades industriales.
Esto último no es una manera de decir: cada veinte metros uno podía comprar una gaseosa, una botella de agua o una lata de cerveza, la gran preferida. Todo, ante la mirada indiferentemente alerta de la Policía Militar que movilizó más de 15.000 agentes en todo el Estado —6.000 de ellos fueron destinados sólo a la ciudad—.En los hoteles cinco estrellas que dan al mar había cierta sensación de pánico contenido a medias: no faltaba quienes temieran una ola de robos, y mientras lo murmuraban miraban significativamente hacia las favelas que rodean tanto lujo. Por eso los vallados, los chequeos en las entradas y otras medidas de seguridad. En la calle abierta, la seguridad no era un problema.Mientras la multitud iba buscando su lugar en la arena, los 4.000 invitados al área VIP —separada del resto del público por un alambrado metálico y 80 policías— no tenían por qué preocuparse.
Ellos, ricos y famosos de Brasil, recibieron remeras y pulseras para identificarse, entrar al sector especial a sólo 4 metros del escenario y disfrutar de un catering con champán en una carpa. Otros privilegiados se preparaban para la gran panorámica que les daría la belleza de la bahía: verían el recital desde las numerosas embarcaciones ancladas a unos 200 metros de la orilla, a modo de "palco flotante".

Durante los paseos que conjuran el tedio de la previa del recital, casi todos cumplían con un ritual: al pasar frente al fastuoso Copacabana Palace Hotel, se quedaban un rato mirando hacia los balcones superiores. Cada vez que alguien se asomaba, se escuchaba un grito unánime... aunque la mayor parte de las veces se trataba de algún miembro de la comitiva. Los Stones apenas tuvieron contacto con el público: Keith Richards se asomó el viernes para sacar fotos y Ron Wood apareció fugazmente con una remera de Brasil.Desde el hotel mismo se desplegó una pasarela cubierta de 83 metros de largo por la que Jagger, Richards y compañía llegaron al escenario de 22 metros de alto, 28 de ancho y 60 de profundidad armado de forma perpendicular a la playa, al otro lado de la Avenida Atlántica.
Mientras bares, restaurantes y vendedores callejeros hacían su agosto en pleno febrero, la multitud estaba que ardía por un poco de rock. Los puestos de venta de merchandising también trabajaban de lo lindo. Había gorro, bandera y vincha, pero también remeras, tazas y hasta anteojos.
¿Pero que carajo ocurrió en el concierto?. Pues aquí tenéis los vídeos, disfrutadlos:
Y el Cuarteto tampoco estuvo presente.
5 comentarios:
¿Por que carajo no fuimos a este concierto?
Supongo que el mejor Concierto de la Historia será el que dió el Koala ante 500 personas en el Rincón de la Victoria.
Cualquier otro resultado espero que pueda ser objeto de la debida impugnación.
De momento solo van 2 candidatos al top5.
Igual nos podemos encontrar alguna sopresa con el resto.
O no.
En el top 5 estara el de la cabra, no así el de fito. Aunque espero no verlo porque vaya el Paco. Vaya tela.....
Pues parece que "lamentablemente" el Sr. Rafael Amador asistirá al concierto de fito y la cabra en detrimento del Sr. Silva.
¿no tuvo suficiente con tirarlo por un barranco y ahora le quita su entrada para el concierto?
¿y eso es un amigo?
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